Pocos animales tienen
tan mala reputación como el pulpo. Artistas y escritores antiguos, durante
mucho tiempo describieron a los pulpos como gigantescos monstruos con
fuerza suficiente para triturar barcos. La clasificación de
Cefalópodo (cabeza en los pies) confundía aún más la imaginación
humana. En su única inmersión abordo de una campana construida por
Aristóteles, Alejandro Magno los describió como "serpientes de ocho
cabezas".
Pero la realidad indica que el pulpo no tiene ni
las proporciones ni el temperamento de un monstruo, la realidad nos muestra
un animal tímido y huidizo. Es difícil para un ser humano imaginar un animal
absolutamente carente de huesos, tan flexible que puede pasar por el pico de
una botella para refugiarse en su interior. Los pulpos son en realidad,
animales absolutamente sorprendentes.
Maestro del camuflaje, puede cambiar de color
instantáneamente adoptando los colores del fondo en el que se
posa haciéndose, de esta forma, invisible o incluso tomando una apariencia
feroz para asustar a quien intente atacarlo. Pero, si este método falla,
puede escapar a toda velocidad usando sus vías respiratorias como un
potente propulsor al mismo tiempo que libera nubes de tinta para confundir a
su predador. Presente en todos los mares del mundo es representado por 150
especies diferentes que miden, de punta a punta de sus ocho tentáculos,
entre los dos centímetros las más chicas de estas especies a siete metros
las más grandes.
Rápidos, curiosos, poseedores de cierto forma de
inteligencia, dotados de tres corazones, con ojos absolutamentes
desarrollados para la visión subacuática, golosos a la hora de los cangrejos
y las langostas. Son enemigos de las morenas, amigos del engaño. Los pulpos
se pasean por el fondo del mar desde mucho tiempo antes de que los hombres
empezáramos a intentar conocerlos, dos ojos atentos que se asoman ante la
presencia de un buzo, ellos saben de qué se trata, ellos siempre lo supieron