CAVERNUS CORRUGATUS
Mucha gente se pregunta por mi afición a las cuevas. Debo confesar que ha
sido el producto de un largo entrenamiento en técnicas ocultas que solo los
más osados han intentado... pero hoy, aquí, les voy a decir como hice
para vencer el miedo a las cuevas y desarrollar mejores técnicas de
penetración.
Lo que decidí hacer fue entrenarme en penetraciones extensas y acostumbrarme
a pequeños y oscuros lugares en una atmósfera que, mientras era adecuadamente
estresante, me permitía manejar el nivel de riesgo.
Con este fin, he conseguido tras varias resacas un buen número de cajas de whisky
vacías (unas
trescientas). He cortado las tapas y las he pegado unas con otras para formar un
largo túnel de cartón que eventualmente iría serpenteando a través de toda
mi casa; lleno de varias, restricciones, obstrucciones, ofuscaciones,
inclinaciones, galerías y pasajes sin salida.
Hasta este punto, en mi primera practica, la cueva tenia 31 cartones de
largo y no pensaba que podría tener muchos problemas. Tontamente, solo use
lentes y un gorro de natación con un solo cilindro de aluminio de 80 pies cúbicos
y un pony para la descompresión (que rápido iba a arrepentirme de mi arrogante
irrespeto al peligro de estas incluso pequeñas penetraciones).
Me adentre, cuidadosamente unido a una línea de vida firmemente asegurada al
grifo del lavaplatos en la parte superior del "circuito". Esta sección
es bastante fácil de navegar usando mi técnica de "Patada con
Sedimento Asistida por los Codos" la cual, a pesar de ser cómoda
durante los veinte y tantos minutos que se requiere para atravesar la primera
sección, dejó algunas partes de mi traje deshilachadas.
Bien, siguiendo el oscuro circuito, llegué al pasaje largo que
desciende unos 40 grados (bajando las escaleras de la casa) hacia la parte baja
de mi sistema de cuevas. Al ver la inclinación, me di cuenta que la única
forma de completar esta travesía era sujetar mi equipo fuertemente y dejar que
la gravedad y las leyes de inercia hicieran el trabajo...
Al llegar al fondo, 3 segundos después, un rápido chequeo
manual de daños físicos en las costillas, brazos y piernas revelo tan solo una
tremenda cortada en la frente y un pulgar fuertemente torcido, (no estoy muy
seguro de que mi plan de usar una bi-botella, aquí en el futuro, sea
exitoso). Estaba sorprendido de notar que mi cilindro de descompresión se
había incrustado en el piso, así que continué sin el.
Seguí alrededor de un cruce de 160 grados que mentalmente
visualice como el baño de visitas. Un rápido rastreo de las paredes, piso y
techo del túnel con mi linterna de promoción de Energizer no dejó dudas
acerca de mi paradero.
En esta etapa, los lentes se empañaron y no podía limpiarlos
así que continué navegando por contacto hasta que el túnel se cerro
considerablemente impidiéndome el paso. La idea de ir más adelante se apagaba
rápidamente (así como mi linterna de bolsillo).
Entonces me di cuenta que, en este pasaje, no había espacio
para dar la vuelta. Como me recriminé duramente el haber llevado mis aletas de
apnea Spora Sub.
Al empezar a tratar de salir de allí, ciego, atorado, y sintiendo el peso
del techo de cartón sobre mí, listo para aplastarme sin piedad, tuve una
segunda y más siniestra revelación: no podía sacar la cabeza de la restricción.
Algo me sujetaba firmemente desde la nuca a la barbilla, estaba completa y
desesperanzadamente atrapado. "Que hubiera hecho Costeau!?" Preguntaba
en silencio y supe la respuesta en un instante:
"Hubiera grabado el vídeo de mi muerte y lo hubiera vendido a Discovery
Channel!!". Esto no me llevaba a nada y teniendo un solo tanque de 80 cu. El
tiempo corría rápidamente.
Hale, empuje, me retorcí, me encogí, me estire, temblé, grite a patadas,
hasta que, con un crujido, la elástica de mis lentes se reventó, mi gorro
de natación salió de mi cabeza y me sentí libre de nuevo, al fin liberado del
amarre de boa constrictor volé hacia atrás del pasaje sin ni siquiera hacer mi
parada de seguridad PADI modificada (5 respiraciones y 5 metros seguidos de 5
minutos y 5 pies) y salí a superficie, gritando, justo cuando mi suministro de
aire se agotó.
Esta ha sido la ocasión en la que he estado más cerca de la muerte en toda
mi vida cómo buzo técnico. Solo después pude analizar que había pasado:
Cuando hice aquel fatal empujón final hacia el baño, mi cabeza debió quedar
atrapada entre la parte de atrás de la poceta y la pared.
Desde entonces he puesto una rejilla a través de la entrada de "La
Galería de los Condenados del Baño" y he colgado carteles de
advertencia con colores llamativos, incluyendo una calavera con huesos
cruzados.
Apartando el horror de este episodio, estoy resuelto a continuar mi exploración
de este asombroso mundo subterráneo. Nosotros, los exploradores, somos
arrastrados por algo que va más allá de nuestros temores y el mero roce con la
muerte no es suficiente para desanimar nuestro deseo de ver alrededor de la próxima
esquina.
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